
Cosas de siempre son, en realidad, cosas de antes. Pues no hay más cosa de siempre que aquello que se hacía cuando aún no había mucha conciencia en nuestro caminar. Cosa de siempre es levantarse tempranísimo un domingo por la mañana y ponerse a ver los dibujitos esperando que el resto de la casa despierte, es tomar leche con cereales en vez de pan tostado con mermelada, es sentarse en el asiento de atrás de un coche sin ni siquiera preguntar dónde te llevan, es pedirle a tu hermano mayor si quiere jugar un rato contigo, es esperar a que suene la sirena para salir al patio, cenar en el comedor los viernes por la noche, comer en familia todos los domingos al mediodía.
Pero aún así no hay más cosa de siempre que sentir ilusión por la llegada de las mandarinas, pelar una toda prisa, construir un tren con sus gajos y decir que, a cada trozo, te estas comiendo, en realidad, a una de las personas que quieres.
Eso si es una locura de siempre.
Fotografía: Supuestamente, de derecha a izquierda: mama, papa, Javier, abuelo, abuela y un largo etcétera donde quizás te encuentres tú. Tren de mandarinas. Diciembre 2010.
Marta Sesé Fuentes