Si me abstrae y fascina lo abstracto es, precisamente, por su naturaleza de indefinición, por esa sensación de ser capaz de llevarte a otra dimensión donde mi propio pensar es el que poco a poco precisa un contorno, un resultado vacío del prejuicio que reside en las formas, del ahogo que existe en aquello concreto, en aquello ya tan definido y estructurado que no da pie ni a una sola gota de imaginación.
La pasión se esconde más entre lo abstracto que, aunque a menudo es más complejo, es el único lugar donde hallar la libertad de poder pensar, de poder imaginar sin que el significado concreto, exacto e inamovible que reside en la mayor parte de las cosas nos vuelva ciegos y no nos deje ver más allá de las formas concretas y precisas de todo aquello que se nos presenta.
Liberémonos y dejemos que lo abstracto nos abstraiga. Perdón por la redundancia.
Fotografías tomadas con una Canon A-1 y una película Kodak Ektar ISO100: El cielo desde un avión. Septiembre 2011.

